Marco Teórico y Conceptual de la Política

V. MARCO TEÓRICO Y CONCEPTUAL DE LA POLÍTICA

Qué ideas orientan la definición de esta Política?

Durante el proceso de formulación de la Política Municipal para la Equidad de Género, se realizó el Diplomado en Políticas Municipales para la Equidad; respaldado académicamente por el Instituto Universitario de la Mujer de la Universidad de San Carlos de Guatemala.  El objetivo de esta  actividad fue generar una comunidad de pensamiento y conocimiento en torno a conceptos claves, que le darían contenido a la Política.

En este capítulo, se hace referencia a algunos de los temas abordados, que se constituyen en sustento indispensable para orientar el contenido de la Política.  Estos temas están relacionados con la participación de las mujeres en el desarrollo local, un breve análisis sobre el patriarcado y la necesidad de enfrentar este sistema de relaciones entre géneros (entre mujeres y hombres) en el espacio local, comunitario y familiar; así como los aspectos relacionados con el empoderamiento y autonomía de las mujeres.

Abordar el desarrollo desde lo local, significa entender los procesos desde adentro, a partir de sus potencialidades y problemáticas específicas, en un territorio determinado; en este caso desde el municipio.  Pero también sus relaciones regionales, por ejemplo en el marco de la Franja Transversal del Norte o de la Mancomunidad de Municipios de la Frontera Norte, con una visión de región y relacionada con el conjunto del país.  Es construir el desarrollo desde abajo, desde las comunidades, desde los territorios, tomando en cuenta nuestra historia, nuestra diversidad, nuestros derechos.

Haciendo un breve repaso por las distintas ideas respecto al desarrollo, es necesario puntualizar que el objetivo central de este proceso es el desarrollo humano, entendido como el conjunto de condiciones y capacidades de las personas para mejorar su calidad de vida y elevar su participación social en la toma de decisiones.  Es por eso que el desarrollo tiene muchas dimensiones, no se trata sólo de crecimiento económico o de bienestar material; es indispensable satisfacer las necesidades pero garantizando la calidad de vida y derechos integrales de las personas, tanto de las actuales como de las futuras generaciones. 

El enfoque de derechos significa que somos sujetas sociales que tenemos capacidad de decidir hacia donde va el proceso de desarrollo, de transformación en nuestro municipio,  cómo lo vamos a realizar, con qué alianzas, con qué prioridades, como organizar nuestros recursos locales para empujar el proceso.  Significa también que muchas cosas que se consideraban parte del ámbito privado tienen que ver con políticas, con leyes, con mecanismos que comprometen a todas las instancias del Estado entre ellas a las municipalidades.  Un ejemplo de esto son los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, la violencia intrafamiliar, la manera como se administra el patrimonio familiar.

El enfoque de derechos nos lleva también a cuestionar el hecho de que mujeres y hombres ejerzamos los derechos de manera desigual; entender por qué las mujeres no hemos podido ejercer plenamente todos nuestros derechos, ni los pueblos indígenas, ni la juventud.  Por ejemplo los derechos ciudadanos y políticos, son muy pocas las mujeres que tenemos posibilidades de participar, tener voz y voto en espacios de toma de decisión en el municipio.  Tenemos capacidad, estamos dispuestas.... pero frecuentemente los espacios se nos limitan por el sólo hecho de ser mujeres.

A este sistema de relaciones entre géneros, en el que las mujeres están en una posición de subordinación, en donde el poder de decisión, los recursos y el reconocimiento social se concentran en los hombres, como cabeza del Estado, de la sociedad, de la comunidad, de la familia se le llama patriarcado.  Es un sistema injusto porque oprime a las mujeres, nos discrimina y nos excluye, por lo tanto viola nuestros derechos, limita nuestras oportunidades de desarrollo y generalmente se ejerce haciendo uso de la violencia psicológica, política, patrimonial o física; por eso es un sistema que debe ser superado, construyendo relaciones de igualdad entre géneros.

En la desigualdad generada por el sistema económico-social y patriarcal, está la raíz de la violencia. 

La necesidad de superar esa desigualdad respecto a la participación en los procesos de desarrollo local ha llevado a generar estrategias, a abrir caminos que contribuyan a superar esta situación que afecta a las mujeres de todas las edades, de todas las culturas y de todas las regiones del país. 

La revisión crítica de los principales enfoques en torno a las mujeres y el desarrollo, contribuyó a identificar conceptos y estrategias, que se reflejan en la articulación de la Política Municipal para la Equidad de Género.  A continuación una breve síntesis de los aspectos más relevantes:

Enfoque asistencialista o de bienestar:

Se generó en el marco del “desarrollismo”, entre los años 1950 y 1960.  La tendencia de este enfoque hacía énfasis en el crecimiento económico, en el que sin modificar las relaciones patriarcales los hombres se identificaban con el sector “moderno” de la sociedad, incorporados a la producción, especialmente en la industria y en la agricultura “moderna”; mientras que las mujeres eran asumidas como la parte tradicional de la sociedad, igual que los pueblos indígenas y la población campesina.

Para las mujeres entonces se diseñaron programas de asistencia y subsistencia, que reproducían el papel tradicional, relacionado con la reproducción y el trabajo doméstico, no reconocido social ni económicamente.  Las políticas y procesos que se promovieron con este enfoque consideraban a la mujer como intermediaria para el bienestar familiar, como población vulnerable que debe ser asistida con ayudas en alimentos, proyectos marginales de crianza de animales para el consumo, sin mucha preocupación por su educación, salud o participación ciudadana.  Es una política cómoda porque no cuestiona las relaciones desiguales entre géneros.

Enfoque de integración de las mujeres en desarrollo:

Uno de los aspectos más importantes que retoma este enfoque es la valoración y visibilización del papel productivo de las mujeres y la necesidad de generar igualdad de oportunidades entre géneros, especialmente para acceder al empleo, al ingreso y a otras actividades productivas diferentes a las tradicionalmente asignadas a unas y a otros. 
Este enfoque relaciona la pobreza con la desigualdad económica entre mujeres y hombres; que si bien es un factor muy importante no explica por sí mismo la subordinación política y social de las mujeres.

Además se presupone que las mujeres tienen “tiempo libre” que pueden dedicar a la producción, sin transformar ni redistribuir la carga del trabajo doméstico, que se sigue concentrando en las mujeres dentro de las familias y comunidades; desde las niñas hasta las ancianas.  Este enfoque se profundiza en los años 80s, con el ajuste estructural y las políticas antipobreza, que privilegian el crecimiento y la eficiencia económica. 

Esto quiere decir lograr que la producción genere más ganancias al menor costo posible; es por eso que la participación económica y social de las mujeres desde este enfoque se convirtió en un factor que redujo los costos de producción, con bajos salarios y el aporte del trabajo gratuito de las mujeres como gestoras del desarrollo comunitario; generando cargas adicionales de trabajo, sin que cambiaran las relaciones de poder entre géneros, ni la situación y la posición social de las mujeres.

Género en el desarrollo:

Desde el movimiento feminista y de mujeres, así como por parte de Naciones Unidas durante el “Decenio de la Mujer”, se produjeron interesantes estudios y críticas a estos enfoques; señalando que no se trata de incorporar a la mujer al desarrollo, como que el desarrollo fuera ya un proceso acabado y de acuerdo a un modelo determinado, sino de transformar las relaciones entre géneros, pero también entre clases, entre culturas, entre regiones.... especialmente cuando estas relaciones  generan desigualdades que afectan en mayor grado a las mujeres.

Un asunto clave en este enfoque tiene que ver con la comprensión de que las diferencias de género y el papel que se le ha asignado a las mujeres en la sociedad, identificado con la reproducción humana, no son resultado de la naturaleza, sino de la sociedad, de la historia y de la cultura.  Esto quiere decir que esas relaciones entre géneros, así como la situación, condición y posición actual de las mujeres se pueden transformar.

Esa transformación requiere que especialmente en la planificación del desarrollo se tomen en cuenta tanto las necesidades prácticas, relacionadas especialmente con las condiciones de vida de las mujeres; como las necesidades estratégicas que tienen que ver con las condiciones que hacen posible que efectivamente podamos ejercer nuestros derechos. 

El enfoque de género en el desarrollo local significa también que las mujeres somos protagonistas de los procesos, que participamos activamente en los espacios de toma de decisiones como ciudadanas de pleno derecho, en tanto sujetas sociales.  Sin embargo es necesario señalar que estos procesos deben ser impulsados deliberadamente, con voluntad política y mecanismos concretos pues debido a que históricamente las mujeres han sido excluidas de las oportunidades para desarrollarse, se requieren de condiciones que hagan posible ejercer nuestros derechos y participación en igualdad.

A este esfuerzo específico para reducir las brechas entre géneros, para crear oportunidades y condiciones para la plena participación y ejercicio de los derechos de las mujeres se le llama equidad. 

En el espacio local las autoridades municipales, las distintas instancias de participación y organización social, así como las entidades del Estado, incluso las organizaciones no gubernamentales y los organismos internacionales juegan un papel importante, que contribuye a promover la equidad.  Sin embargo es necesario que se construyan consensos en cuanto a los objetivos, las ideas y las estrategias locales para logran un desarrollo local con equidad de género.  Ese instrumento de consenso es lo que se llama Política Municipal para la Equidad de Género.

No es una política general para todos los municipios.  Aunque hay una metodología que puede servir para el proceso, la Política de cada municipio obedece a sus condiciones específicas, sociales, culturales, políticas, territoriales.  Como la política es el resultado de consensos y de construcciones sociales, se va generando de manera participativa teniendo al centro del proceso a las mujeres en su diversidad; a través de todas sus expresiones organizadas, desde todas las culturas, generaciones y ubicación territorial.

Para que estos consensos sean una orientación general en el municipio es importante que se institucionalice.  Es decir que la municipalidad como rectora del desarrollo local la asuma como un acuerdo que va a orientar el diseño de programas, acciones, proyectos e inversión pública para promover el ejercicio pleno de los derechos y participación de las mujeres y el mejoramiento de su calidad de vida, en condiciones de igualdad y con oportunidades para el desarrollo de todas sus capacidades sobre la base de tres condiciones indispensables:

  • Valoración social de las mujeres y autoestima; de su trabajo, sus capacidades.  Que todos y todas reconozcan y valoren socialmente tanto lo que hacen las mujeres, como lo que hacen los hombres.  La autoestima tiene que ver con el amor a nosotras mismas, la dignidad, valoración y respeto que tenemos por nosotras mismas.
  • Autonomía de las mujeres: se refiere a la capacidad real que tienen las mujeres de tomar decisiones sobre su cuerpo, sus bienes, su presente y su futuro.  Uno de los factores necesarios para el ejercicio de la autonomía de las mujeres tiene que ver con el control de sus propios recursos, de sus ingresos, con la propiedad de la tierra y de la vivienda.  Tener conciencia del derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su persona sin que nadie pueda limitar sus movimientos, su participación o someterla a violencia.
  • Empoderamiento;  es la actitud y conciencia de nuestras propias capacidades, del poder que tenemos para cambiar las cosas, para tomar decisiones y llevarlas a la práctica.